Lo primero que hay que cuidar para que exista inversión privada, es que precisamente la inversión pública no sea competencia sino complemento de la inversión privada, cuando este fenómeno se presenta es el primer elemento de incertidumbre para el privado, luego si adicionalmente a ello se tiene inclusive dentro de esa competencia, encima una competencia desleal dando preferencias a empresas estatales  frente a sus pares de empresas privadas la situación se agrava aún más.

Por otro lado, otro componente de la incertidumbre es la volatilidad normativa; es decir, si las normas y leyes son fácilmente modificables en el corto plazo sin haber sufrido su periodo de madurez de aplicación.

La seguridad jurídica es otro elemento fundamental, las excesivas regulaciones e inclusive regulaciones que se contradicen entre sí, una política tributaria que en lugar de incentivar la formalidad de las empresas vaya en la práctica en otra dirección es un elemento central. De la misma manera una política laboral que incorpore costos permanentes en lugar de perfeccionar la eficiencia del recurso humano y del capital se constituye en un aspecto de inseguridad jurídica puesto que al final del camino se traducen en conquistas laborales que son irrenunciables e imprescriptibles.

A su vez, la carga burocrática para cualquier tipo de trámites en el sector público es un elemento además de rezago en la inversión, es agregado de costos que en muchos casos o en la mayoría de los casos resultan trámites innecesarios para determinado sector o actividad.

Los aspectos de inseguridad jurídica que generan un daño emergente y un lucro cesante como el caso de los asaltos prediales son un elemento paradigmático que resume todo el problema de la inversión privada.

En resumen, reduciendo al mínimo estos aspectos inherentes a la incertidumbre  y la inseguridad jurídica se logrará el mayor incentivo para que el privado invierta, ya que en condiciones normales, si las condiciones macroeconómicas de un país están muy bien y el Estado invierte bien – entiéndase sin competirle al inversor privado – la inversión privada irá de la mano o por delante en términos nominales a la inversión pública, logrando esta última ser mucho mayor a la primera y entre ambas con seguridad superar la barrera del más o menos 25% del Producto Interno Bruto para lograr una reducción sostenida y segura de la pobreza.

Carlos Hugo Barbery

Economista