Se propagó por las redes sociales y los demás medios de comunicación el anuncio del número tan esperado por todos, el INE publicó el dato oficial del crecimiento de la economía a 12 meses con cierre a junio 2016 en 4.43% con lo cual en cumplimiento  al DS 1802 el beneficio del segundo aguinaldo en la presente gestión estaba descartado.

Parafraseando al economista Gary Rodríguez, dicho anuncio podría definirselo como de un sabor agridulce. Para el trabajador que lo esperaba, porque con seguridad ya lo tenía comprometido por los anuncios que fueron dándose en meses anteriores desde las mismas fuentes gubernamentales, aunque con mayor cautela en el último mes,  ahora tendrá que ajustar  su presupuesto para el resto del año pero con la tranquilidad  de que con esta medida su puesto de trabajo está menos inseguro que de haberse dado.

Por otro lado, el empresario privado y hasta el sector público recibieron con alivio el anuncio, puesto que significa un importante flujo de fondos que en lugar de destinarse al gasto podría ser para la inversión o no contraer deuda, dependiendo de la realidad de cada agente económico.

Suena paradójico el hecho de que se sienta alivio cuando no se alcanza un determinado nivel de crecimiento económico y es que imponer un gasto al lograr una meta resulta antagónico y a la larga, lejos de premiar al trabajador no hace otra cosa que desincentivar al empleador y poner en riesgo la estabilidad de la fuente laboral.

En una entrevista en la red RTP el mismo vicepresidente del Estado indicó “Hay que ser responsables, es mejor no tener segundo aguinaldo, pero tener empleo”. Es más, este criterio a juicio nuestro,  debe ser análogo para los incrementos salariales anuales, los cuales también deben ser replanteados en su metodología.

Hay que entender también que no se trata de ser amigos o enemigos, se trata de que en la economía, nos lo dicen desde las primeras lecciones, existen factores de producción, donde el trabajo es uno de ellos, pero también lo es el capital, entiéndase quienes arriesgan como empresarios, y no pueden entenderse los resultados sino es de manera armónica.

Esto es tan elocuente, como que la Real Academia de Ciencias de Suecia ha conferido el Premio Nobel de Economía 2016 a los profesores Oliver Hart y Bengt Holmstrom por sus “valiosas herramientas teóricas” para “entender los contratos en la vida real”, así como los posibles problemas en su diseño y lograr que ambas partes cooperen en beneficio mutuo y no se generen “conflictos de intereses” donde el fin último es que el contrato óptimo busque un equilibrio entre los riesgos y los incentivos. Enfocando aquello a la relación obrero-patronal nos preguntamos: Se habrá equivocado la academia sueca?.

Carlos Hugo Barbery

Economista