Economista Francés. Divulgo la teoría de Adam Smith y fué uno de los precursores del marginalismo. Formulo la Ley de los mercados o ley de Say ( la oferta crea la demanda; y ambas determinan el valor de cambio).

Revolución Francesa

En este periodo, el joven Say, ferviente republicano, se une a los Girondinos, y adopta las ideas de Mirabeau, con el que trabaja para El Correo de Provenza. En 1792 participó como voluntario en la campaña de Champagne; y en 1793 asumió, de conformidad con la moda revolucionaria, el «prenombre» de Atticus, y se convirtió en secretario de Étienne Clavière (su antiguo jefe en la casa de seguros), entonces Ministro de Finanzas. En el desempeño de su trabajo lee por primera vez en inglés La Riqueza de las Naciones, obra publicada por Adam Smith en 1776.

Industrial bajo el Imperio Napoleónico

En 1803 publicó su obra más famosa, el Traité d’économie politique. El trabajo no es bien recibido por Napoleón Bonaparte, quien le pidió que reescribiese partes de la obra para resaltar la economía de guerra basada en el proteccionismo y la regulación. La negativa impidió a Say publicar una segunda edición del Tratado, y fue despedido del Tribunado en 1.804 después de pasar cuatro años al frente de la Sección Financiera.4 Las medidas adoptadas por Bonaparte le prohíben cualquier actividad como periodista, así que se convirtió en empresario dedicado a la producción de tejido de algodón. Comienza por aprender el manejo de los telares que había expuestos en el Conservatorio de Artes y Oficios. El sector se encuentra entonces en sus inicios.

IDEAS ECONÓMICAS

Say retoma muchas de las ideas de sus predecesores franceses y de Adam Smith, sistematizándolas en este magistral tratado, que incluye numerosas contribuciones originales, expresadas con una gran claridad de estilo. Algunos economistas de la escuela clásica inglesa, en particular McCulloch, seguidor de David Ricardo, consideraron que Say era meramente un divulgador y sistematizador de La Riqueza de las Naciones, pero se puede defender que las aportaciones que hizo fueron mucho más allá.

La célebre Ley de los Mercados (loi des débouchés), que formuló como que: «los productos, en última instancia se intercambian por otros productos» (Catéchisme d’économie politique) es su contribución más famosa. Bautizada posteriormente como Ley de Say, constituye un elemento central de la economía clásica (al ser aceptada por Ricardo y Mill como una de las contribuciones más significativas al pensamiento económico). Su esencia es que, antes de poder demandar bienes hay que haber producido otros bienes para intercambiarlos por los bienes deseados (lo que implica una relación causa-efecto de la oferta hacia la demanda), y su corolario es que no pueden existir períodos prolongados de sobreproducción y subconsumo si el mercado no sufre interferencias. Las contracciones de la actividad productiva se deberán entonces, o bien a perturbaciones como las malas cosechas o las guerras, o a medidas de los gobiernos que influyan negativamente en la actividad económica, como subidas en los aranceles. Thomas Malthus y Sismondi, luego reivindicados por Keynes, rechazaron la ley argumentando la posibilidad de atesoramiento, que podría conducir al subconsumo. Say y otros clásicos respondieron aseverando que el atesoramiento era un fenómeno de importancia marginal.

Contrariamente a Smith y a los economistas clásicos ingleses como David Ricardo, Say se oponía firmemente a la teoría del valor trabajo (que consideraba, sucintamente, que la forma objetiva de medir el valor era mediante horas de trabajo), considerando que el fundamento del valor está en la utilidad que los distintos bienes reporten a las personas. Esta utilidad puede variar en función de la persona, del tiempo y del lugar. La concepción de Say es, por lo tanto, que el valor es subjetivo, lo que influye en otros economistas continentales, y, en Inglaterra después de su muerte, en Jevons y el nacimiento del marginalismo.

Otro aspecto importante en el que difiere de la escuela inglesa es en la crítica a las teorías ricardianas de la distribución de la renta, que tienen un sesgo marcadamente pesimista, con predicciones de un estado estacionario de estancamiento. Say, además de tomar una postura mucho más optimista, considera que estas teorías no tienen carácter científico, y que su rigor lógico se ve contrapesado por su dependencia de una cadena de supuestos poco realistas o muy discutibles (como el valor trabajo), así como porque la evidencia empírica no jugaba a su favor. Esta discrepancia profunda con Ricardo se debe también a una concepción del método de la ciencia económica, en la que los razonamientos deductivos han de vigilar su dependencia de los supuestos, tratando de no alejarse en exceso de la realidad, y no abusar de los ejemplos numéricos o algebraicos para no perder claridad.

Entre otros trazos distintivos del pensamiento de Say que gozan de actualidad está su énfasis en la importancia del empresario, que realiza una labor distinta de la del propietario del capital, así como en la importancia que otorga a los derechos de propiedad para el crecimiento.